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jueves 30 de octubre de 2014, 20:25:19
Punta Alta. Bajada por Cavallers
Tipo de Entrada: RELATO | 1874 visitas

...de repente aparecen unos enormes y fantásticos lagos de alta montaña allá abajo: son los Estanys de Comalesbienes. Formidables. Es la primera vez que los veo después de oír hablar de ellos y de verlos en el mapa como un extraordinario paisaje ocupado por el agua encajonados en una profunda y original fosa de un valle...

      No pudimos disfrutar hace pocos días antes de los rincones, cimas y vistas entre Góriz y Serradets, entre Monte Perdido y Gavarnié, pero al fin de semana siguiente, 27 y 28 de septiembre, aprovechamos para quitarnos la espinita de subir un tres mil acercándonos al conocido Valle de Boi para atacar al Punta Alta, también conocido como Punta Alta de Comalesbienes, de 3.019 mts. de altura, dentro del Parque Nacional de Aigüestortes y Estany Sant Maurici.

      Ya visité y subí este pico en la Semana Santa del 2.001 con los compañeros del Centro Excursionista Almoradí (Punta Alta y Valle de Boi. La tierra de los cien mil lagos), y los recuerdos del lugar, montañas y experiencia son excepcionales. Un joven J. Joaquín Terrés volvía a la alta montaña en una nueva etapa con ilusión y expectación. Al menos el día que subí por primera vez, entre aún nieves y hielos invernales, tuve mejor tiempo y vistas que en este verano oscuro, fresco y lluvioso.

      5 somos los atrevidos que hemos reservado sitio en el Refugio Ventosa y Calvell para pasar la noche del 27 y de esta manera subir al pico por la cara norte y casi más asequible o al menos, menos rompedora. La idea era bajar el enorme desnivel que hay hasta la Presa del Embalse de Cavallers, en pocos kilómetros, unos 1.300 mts. de desnivel. Pero el tiempo no acompaña; tenemos dudas antes de salir hacía el Pirineo; el mal tiempo y la probabilidad de lluvia echan para atrás algunos participantes. Pero yo tengo ganas de subir y de ir sí o sí. Con lo que mi decisión está tomada.

Embalse de Cavallers  Bordeando el Embalse de Cavallers


      Dejamos el coche en el parking de la Presa de Cavallers. Me asombro al descubrir el pasillo que recorre el interior de la presa y que sale al exterior entre contrafuerte y contrafuerte, como si fuera un balcón terroríficamente encaramado al alto y vertiginoso torreón de un castillo. Seguiremos el camino ya realizado tantas otras veces para subir al Refugio Ventosa i Calvell o al Besiberri Norte, el mismo camino que hicimos en Punta Alta y Valle de Boi. La tierra de los cien mil lagos y que tan largo me pareció en su momento. Subimos hasta la parte alta de la presa. Rodeamos el embalse por el lado derecho hasta su punta, y seguimos el recorrido señalado con erguidos palos de punta amarilla (que marca la señalización de un recorrido) que deja a la espalda el Embalse de Cavallers y a la izquierda la vertiginosa subida al Besiberri Norte. Nosotros seguiremos por la explanada de  Riumalo hasta comenzar a superar las rocas lisas y casi verticales, por un zigzagueo de la ruta en la misma roca, que tenemos enfrente, norte-noreste (algo a la derecha) de las Llastres de La Morta.

      El tiempo de este sábado no es demasiado malo; a pesar de las nubes que rodean e invaden muchas de las alturas como la Punta Harlé, el sol impera entre ellas con más luz que sombras. Nos encontramos escaladores que aprovechan las buenas temperaturas para agarrarse a las lisas paredes; incluso alguno extranjero que no sabe ni hablar inglés a los cuales pregunto, pensando que venían de las extraordinarias Agujas de Travessani. Cruzando los puentes y pasarelas del Riuet del Estany Negre, en el comienzo de la explanada del Pletiu de Riumalo, descubrimos, mirando a la izquierda y oeste, la impresionante, alta y lejana figura, casi irreconocible desde aquí si no la conoces, del encrespado y recortado Besiberri Norte. Hermosa imagen entre nubes de altura que lo envuelven y abordan como si se tratase de una visión espectral, fantasmagórica y extraordinaria. Como un reflejo, un espejismo increíble, espectacular, que parece desaparecerá en cualquier momento. Impresionante.  

      La gente lleva buen ritmo; Gisela y su padre Jordi encabezan la marcha sin casi descansos. Enseguida pasamos el laberíntico paso arriba de Llastres de La Morta que nos acercará al refugio, con las vistas increíbles de las Agujas de Travessani algo nubladas, algo ocultas bajo la blanca nube, pero que deja ver las picudas y esbeltas agujas más bajas y las más abruptas. Magníficas. Hay que estar atento en esta parte del recorrido, ya que la senda hace zigzags escondidos entre las enormes rocas. Por suerte tenemos los palos que nos ayudan a seguir (si no los perdemos de vista) hasta las cercanías del refugio.

Delante Gisela en el Pletiu de Riumalo  El Besiberri Norte entre nieblas


      Y enseguida vemos el encaramado Refugio Ventosa i Calvell. El refugio con nombre de empresario forestal de los años 50. Curiosa la historia de Ventosa i Calvell, la ENHER y la fundación del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany Sant Maurici… La primera vista del refugio cuando llegas por la senda desde Cavallers es impresionante: detrás de él aparecen a lo lejos las crestas de Contraix, impresionante, gigantesco paisaje alpino. Y debajo del mismo refugio, en el fondo del barranco: el Estany Negre, enorme, magnífico y hermoso a la vez. Ya estamos en el refugio. Es mi segunda vez que estoy en él. Ya hace más de 13 años y los cambios y mejoras son latentes.

      Recuerdos de aquella primera aventura con la subida invernal al Punta Alta. Recuerdos de los momentos vividos junto al refugio y su entorno. Ahora es más grande, más acogedor, más cuco… aunque sigue teniendo pocas plazas, con un único dormitorio arriba bajo la pirámide del tejado. Noche de parchís, de oca, jugando y entreteniéndonos después de la formidable, buena y abundante cena.

      Noche plácida y tranquila, y antes de amanecer ya nos levantamos para el desayuno. Pero no hemos contratado desayuno, a pesar de que es el mejor y más completo de los desayunos que ponen en los refugios de alta montaña del Pirineo, según me dice Francesc. Ya comienza a aclararse el cielo; ayer las cimas de los Besiberris estaban ocultos bajo las nubes, ahora la nube oscura y amenazadora se ha quedado más arriba, más extensa y amplia que cubre todo el cielo… espero que las predicciones no se cumplan y podamos subir al Punta Alta secos. Antes de partir, las fotos del lugar; no puedo evitar hacerme una foto parecida a la que me hice hace 13 años (Punta Alta y Valle de Boi. La tierra de los cien mil lagos), con el fondo del impresionante, encrespado y excepcional macizo de los Besiberris donde salen todos, desde el Besiberri Norte al Comaloforno. Increíbles, magníficos… Las nubes vuelven a envolver al Besiberri Norte como si supieran que eligen al más abrupto, desafiante y osado de todos.

      El camino o senda sale de la parte contraría a la que llegamos al refugio el día anterior. Es fácil: solo hay que volver a seguir las marcas y postes de maderas con la pintura amarilla. Ésta baja poco a poco en dirección a la punta o comienzo del Estany de Colieto, y ya desde aquí seguimos por casi el fondo del valle pero sin pisar de nuevo, o cruzarnos de nuevo el río que lo surca. Pasarelas de madera y casi laberínticos zigzags a la hora de cruzar esta parte del recorrido. Siempre sorteando grandes rocas, o saltándolas, o pisando los pedregales de las orillas. La dirección que tomamos es sureste. Es la misma que el recorrido de Carros de Foc entre Ventosa i Calvell y Estany Llong, subiendo el Coll de Contraix. Ningún montañero que pasó la noche en el refugio nos acompaña o ha salido en busca del Punta Alta; supongo que la extraña predicción sobre la desacertada pregunta de si “lloverá mañana y a partir de que hora” a los guardas del refugio, desalentó a más de uno para alcanzar la cima de un tres mil esta mañana.

Detrás las Agujas de Travessani  Llegando al Refugio Ventosa i Calvell

Joaquín Terrés saliendo del refugio, detrás los Besiberris  Atrás dejamos el Refugio Ventosa i Calvell


      Y casi siempre allá arriba y enfrente nuestro, cerrando el valle, el escarpado Coll de Contraix con La Creu de Colomers y el Pic del Estany de Contraix a su izquierda, y el mismo Pic de Contraix a su derecha. Magnífico muro de roca granítica escarpada y casi infranqueable. Dejando unas suaves lomas del fondo del valle a la derecha (o subiendo por ellas) llegamos hasta las orillas de otro laguito de alta montaña… ¡De este me acuerdo! El Estany Gran de Colieto. En Punta Alta y Valle de Boi. La tierra de los cien mil lagos lo cruzamos sobre la nieve por su orilla derecha, pero la senda y recorrido esta vez nos hace darle la vuelta por la orilla contraria, por la izquierda. Recuerdos y fotos que intentan emular a aquellas que hice desde las orillas del laguito hacía las montañas que, poco a poco, se escondían detrás y al fondo, desde donde veníamos, entre los perfiles más cerrados del valle: Pa de Sucre, Tumeneia, Punta Harlé. Impresionante.

      Al otro lado del laguito debería estar el desvío hacía la cima del Punta Alta; dejando de seguir la senda marcada de Carros de Foc hacía el Coll de Contraix y desviándonos hacía la derecha y sur en busca de los perfiles rocosos de dicho pico. Las nubes siguen inundando todo el cielo. Una sola nube gris y amenazadora lo cubre todo en las alturas, incluso comienzan a cubrir y a envolver también algunas de las más altas cimas que vemos. Son nubes que vienen del sur con aire seco, me digo, no son demasiado activas (espero). Y sí, de momento no precipita.

      Justamente encontramos un poste con un cartelito al principio del laguito, algo más a la derecha, y más cerca de la vertiente rocosa de la ladera del valle contraria a la que caminábamos. “Punta Alta de Comalesbienes” y una flecha. Y a partir de aquí siguiendo los numerosos hitos y rastros de sendas comenzaremos sin pérdida la subida al Punta Alta. El comienzo es empinado: coge la misma ladera casi sobre el cartelito y entre pedregales, canchales y fuertes laderas coge altura rápido con el típico zigzagueo de este tipo de subidas. Después el recorrido se allana un poco (que no el terreno), gira y nos lleva hacía la izquierda y sur en busca de otro laguito de alta montaña: el Estany de Mamuto o de La Roca. Arriba, en dirección a las laderas del Punta Alta ya veo y reconozco los fuertes murallones previos con su forma original y reconocible, ya fotografiados y observados hace 13 años. De nuevo los fotografío.

Bajando al Estany de Colieto, al fondo el Besiberri Norte  Estany Gran de Colieto y al fondo el Pa de Sucre y Tumeneia

Descanso junto al Estany del Mamut o de La Roca  Estany del Mamut o de La Roca


      Descansito junto a las orillas del estany. No hace frío; pero si te paras el sudor que se enfría rápidamente hace que sientas una helor espantosa si no te abrigas o te cambias. Picamos algo, bebemos agua, y parece que las nubes quieren espantarnos al comprobar que comienzan a caer gotitas del cielo. De momento no hacemos caso por que caen y paran sin hacer demasiado “ruido”. Seguimos bordeando el laguito por su orilla más encrespada y alta para así meternos en un cerrado vallecillo que acaba en la parte más alta de éste. Esta parte comienza a ser empinada también, y la senda coge el fondo del mismo vallecillo que se va cerrando poco a poco mientras sube, para ir cogiendo altura.

      Me quedo cerrando esta vez el grupo, y llegados a un punto la lluvia hace acto de presencia con un carisma más serio esta vez. Nos paramos para ponernos los chubasqueros y chaquetas. Dudas sobre seguir o no. Yo quiero seguir, Gisela, la hija de Jordi, también, Francesc debe bajar con su compañera, y al final Jordi, Gisela y yo decididos, seguimos montaña arriba. Francesc y su compañera se dan la vuelta y bajan al refugio. Aunque es verdad que si llueve mucho tendremos que bajarnos nosotros también sin hacer cumbre… pero hay que tener fé y hacer caso a mis pobres conocimientos de meteorología. Por suerte esta lluvia no fue a más, y enseguida paró y dejo de caer. Ya no nos volvería a caer hasta el final de la actividad.

      Los tres intrépidos subimos ahora metiéndonos por otro vallecillo de piedras y piedras, enmarcado por crestas cortantes y verticales, y paredes lisas y escarpadas con ese color ferroso de la roca. Es la que llaman La Raconada, con el Cap Brau a la derecha y el mismo Punta Alta y su antecima este (que no llega a los tres mil metros) a la izquierda. El tiempo sigue siendo amenazador; parece que en cualquier momento quiera descargar un buen chaparrón. Mirando hacía las alturas a la izquierda, las cimas del Punta Alta aparecen invisibles cubiertas por las nubes blancas y grises. No recuerdo esta parte, ya que la nieve cubría todas estas piedras, pedruscos y rocas que llenan el lugar. Ya estamos a más de 2.700 metros y siguiendo los numerosos hitos sin pérdida casi por el fondo del vallecillo, giramos hacía la izquierda por una ladera, que sigue con piedras y rocas pero menos escarpada o entretenida, que se acerca a los espolones y perfiles escarpados de las paredes, de los contrafuertes noreste del Punta Alta. Jordi y Gisela van delante, yo les sigo. El paisaje en esta parte y como casi en todas las grandes alturas del Pirineo, es desolador: cientos de miles de rocas y piedras de color ferroso desgajadas de la montaña e invadiendo todas las laderas y vertientes.

Gisela y Jordi subiendo por La Raconada  Llegando al final de la canal y antecima del Punta Alta


      Ahora entre los espolones y contrafuertes del Punta Alta, los hitos nos llevan, desplazándonos un poco hacía la derecha, por el interior de una vertical canal pedregosa y cada vez más empinada hasta internarnos en la nube cimera, en la niebla que nos invade y no nos deja ver más allá de unas decenas de metros. Me adelanto. Subo entre en medio de la canal y la crestecilla del espolón. Llego a la parte más alta y me doy cuenta de que no es la cima… es la cumbre de la antecima oeste del Punta Alta que roza los tres mil metros. Jordi y Gisela me alcanzan ¡Parece que no hay salida! ¿Qué hacemos? ¿Nos damos la vuelta? Entre la niebla observo la cercana pirámide de la culminación del Punta Alta. Fantasmagóricamente, asombrosamente aparecía hacía el oeste tan cerca como aparentemente imposible de llegar.

      Gisela ve que los hitos se desvían por los perfiles agrestes del espolón de la derecha, y los seguimos. Bajamos entonces a un colladito; el que separa la antecima oeste de la cima principal. Y de aquí, cambiando a la vertiente sureste siguiendo los hitos, en 5 minutos llegamos a la solitaria, fría y pedregosa cima del Punta Alta (3.019 mts.). No hemos encontrado a nadie en la subida, desde que nos separamos de Francesc y su compañera, y aquí arriba no hay nadie, excepto nosotros tres.

      Nos abrigamos, sacamos algo de comida y bebemos agua. La lluvia no llega, no volverá a caer… de momento. La visión es terriblemente nula, y es una desgracia ya que el Punta Alta es un magnífico mirador como comprobé la vez que lo subí hace 13 años; aún recuerdo las vistas hacía el Macizo de los Besiberris, y detrás el nevado y alto Macizo de los Montes Malditos con el Aneto en cabeza. Impresionante. Me hubiera gustado fotografiar estas vistas de nuevo con una cámara mejor que la de hace 13 años para poder disfrutar mejor del admirable paisaje… pero no es así. Estas nubes nunca se irán.

Jordi y Gisela en la cima del Punta Alta  Bajo las nubes aparecen los Estanys de Comalesbienes


      Fotos de cima y enseguida debemos buscar la bajada hacía la Presa del Embalse de Cavallers. Busco la bajada ya que a partir de aquí es terreno desconocido para mí. Intento seguir la crestecilla cimera hacía el lado contrario por el que hemos aparecido, y hacía el Pic de Comalesbienes. Pero no, enseguida asomándonos desde la misma cima hacía el sur-suroeste, descubro los hitos y bajada del pico en la dirección deseada. Al principio es una bajada algo escarpada entre las paredes y rocas de la montaña a la derecha y el vacío a la izquierda. Nos acercamos a la parte algo baja del colladito que hay entre el Punta Alta y el Pic de Comalesbienes. La niebla no desaparece y la bajada se hace inmersa en ella, y sin más gente en la montaña salvo nosotros, parecemos aventureros en una tierra desconocida y lejana.

      Bajo el colladito entre las altas cimas, se sigue los restos de la senda y recorrido entre hitos que van bajando un poco acercándose a las paredes y vertientes que aparecen a nuestra derecha. Seguimos hacía el sur y abajo, y al poco tiempo dejamos la niebla arriba y poco a poco aparece el fondo del valle al sur del Punta Alta; y de repente aparecen unos enormes y fantásticos lagos de alta montaña allá abajo: son los Estanys de Comalesbienes. Formidables. Es la primera vez que los veo después de oír hablar de ellos y de verlos en el mapa como un extraordinario paisaje ocupado por el agua encajonados en una profunda y original fosa de un valle. Hermoso.  

      La bajada la hacemos intentando seguir los hitos con la visión, cada vez más nítida al quedarse la niebla en la altura, de los espectaculares ibones. A veces perdemos los hitos y al cabo de poco rato de observar la morfología del terreno, los encontramos un poco más a la izquierda. Acercándonos a los ibones vemos que hay gente parada y descansando junto a los rastros de la senda. Suben ahora al Punta Alta y son un grupo numeroso, parece que la montaña vuelve a la vida y a la actividad.

     Los rastros de la senda y recorrido entre los hitos, a veces perdidos entre las gigantescas rocas, no llegan a las orillas del Estany de Comalesbienes, llega un momento que giramos hacía la derecha y suroeste para parar entre una pequeña “charca” y el mismo estany. Nos paramos aquí a comer algo, es alrededor del mediodía, entre la 1 y las 2 del mediodía. Hemos realizado la parte más intrínseca, interesante y complicada de la actividad, con la exitosa cima del Punta Alta. Gisela y Jordi bajan más poco a poco que yo, a pesar de que me entretengo, como siempre, en hacer fotos hacía aquí y allá; por ello después de unos minutos de comida, salen antes que yo siguiendo el camino, sendas e hitos que bajarán toda la fuerte pendiente hacía la presa de Cavallers casi paralelos al Barranc de Comalesbienes.

Gente subiendo al Punta Alta, abajo los Estanys de Comalesbienes  Bajando al Valle de Boi


      El día sigue cerrado; parece que no se aclarará en lo que queda de jornada. Mirando ahora hacía el oeste, las vistas son impresionantes desde las alturas casi al mismo nivel de estos lagos de alta montaña, un mirador a unos 2.652 metros. (Punto señalado en el mapa Alpina): destaca una picuda montaña hacía el suroeste siguiendo el fondo del Valle de Boi que ahora tengo enfrente; es l’Aüt, de poco más de 2.500 metros. Mientras éste permanece despejado, las nubes siguen cubriendo y escondiendo las montañas de más altura. Magnífica vista. Las vistas las tengo al dejar el rincón junto a la tranquila “charca” donde habíamos comido y subir la pequeña loma cercana, donde los hitos me llevan hasta su parte más alta… pocos metros más. Y ya desde aquí tengo las vistas hacía el resto del Pirineo y al Valle de Boi abajo.

      Gisela y Jordi me llevan ventaja; ya nos lo veo en la distancia mientras bajan, así que después de admirar las vistas antes nombradas y los Ibones de Comalesbienes escondidos detrás mío, me dispongo a bajar todo el fuerte desnivel que existe entre donde estoy y el fondo del Valle de Boi justo casi en la misma presa de Cavallers. De momento hay pocas piedras, rocas, pero poco a poco a medida que bajamos y el recorrido deja la roca viva y se interna en las laderas a mas baja altura, los grandes bloques, las grandes rocas y piedras aparecen como verdaderas invasiones en la montaña. Hay que ir saltando casi de roca en roca, de piedra en piedra, sin senda, siguiendo hitos por aquí, por allá, pero siempre hacía abajo y sin salirnos del vallecillo, es fácil y sin pérdida. Jordi y Gisela bajan por en medio del barranco, yo por una ladera, pero más abajo los pillo, adelanto y les hago de “guía” en la bajada mientras busco los mejores hitos, la mejor y más cómoda bajada (si es posible) hacía el fondo, allá abajo, del Valle de Boi.

Bajando al Valle de Boi entre las rocas  Bajando al Valle de Boi entre las rocas


      Después de una interminable bajada entre rocas y bloques, llegamos hasta los primeros árboles del bosque de altura. Parece que nunca pasaríamos este molesto laberinto de bloques y rocas sueltas… menos mal que al “siete pasos” le es fácil saltar y bajar entre ellas. Pero la bajada por el bosque (primero bosque y rocas, y luego sin rocas) también es algo vertiginosa; en lugar de horizontalizarse, el terreno se inclina más. Pero la bajada es progresiva esperando a mis compañeros de aventura cada vez que me adelantaba. Llegamos a un paso extraño hacía la derecha del vallecillo, entre escarpes y perfiles verticales, que nos lleva de la ladera por la que bajábamos hacía las paredes de otro escondido barranco entre sus paredes. Seguimos los postes con sus marcas y pintura amarilla, y el paso se hace sin complicación alguna. Desde aquí la bajada sigue siendo muy vertical a inclinada, pero al tiempo de un descenso interminable, llegamos hasta un camino cerca del fondo del valle.

      Al pié del camino me paro aliviado de haber podido bajar y dejar atrás este “rompe piernas interminable” de esta bajada del Punta Alta. Justo poco antes comienzan a caer unas gotas, pocos minutos después aparece la lluvia. Parece, al fin y al cabo, que el tiempo nos ha respetado y justo a la llegada del camino que nos ha de llevar en poco tiempo hasta la presa de Cavallers comienza a llover. Espero encapuchado en mi chubasquero a que lleguen Jordi y su hija Gisela, para ellos la bajada ha sido más dura y larga, pero al final ya estamos en el fácil camino siguiéndolo hacía la izquierda (antes he mirado el mapa por si las dudas) y en pocos zigzags llegamos al asfalto y al parking donde nos esperan Francesc y su amiga. Las vistas desde el camino hacía la presa, valle y lugar son impresionantes, un final de actividad único y estupendo.

Jordi y Gisela en el paso de destrepe  Camino de la Presa de Cavallers


      Acabamos la actividad con la ilusión y agradecimiento de haber podido llegar a la cima del Punta Alta, de recorrer los únicos y hermosos lugares y alta montaña del Parque Nacional de Aigüestortes. A la vez ha sido bonito recordar la primera subida hace 13 años con los viejos compañeros del Centro Excursionista Almoradí a esta singular montaña, y de nuevo admirar las vistas desde el Ventosa i Calvell. Mi enhorabuena a Jordi y Gisela que han sabido tener la paciencia y la fe que nos hicieron tener el éxito deseado en la actividad. Fantástico.

Croquis del recorrido




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